jueves, 30 de noviembre de 2017

La Fuerza de la fe.

Había una vez, una pequeña casa en las afueras de la capital. Sencilla, fabricada con madera y unos cuantos troncos de pino que habían sido regaladas por unas personas de esas que se dicen llamar desinteresadas., pero que en realidad lo único que hacen es teñir un poco su nombre de bondad cada vez que se acercan estas épocas en donde el amor debería ser el estandarte de cada día.
En esa pequeña casa vivía Antony, un pequeño de apenas cinco años en cuyas palabras siempre existía la frase ''feliz navidad para todos'' aunque apenas supiera el significado de la cercanía de aquellas fiestas.
Al lado de Antony vivía su madre, una mujer tan sencilla como la misma casa en donde habitaban, la que se despertaba de mañana para ir a trabajar como todos los días de su vida en el mercado. Myriam, como es su nombre, se dedicaba a ofrecer servicios de limpieza desde el día en que falleció su esposo a causa de un tronco de pino que le calló encima en la maderera donde trabajaba.

''Hasta más tarde Tony'' se escuchó la voz de Myriam al despedirse y partir al trabajo, que de todas formas no era mucho, pero esperaba que por la fecha se incrementara.
''Hasta pronto mamá '' dijo el pequeño mientras estiraba sus brazos alegres al cuello de su madre.

Parecía ser uno de esos días tan comunes, en donde Tony al ver la ausencia de su madre, corría y se ponía los primeros pantaloncillos que encontrara, sin fijarse que estaban rotos en la parte de atrás, pero a su alegría de ir a jugar que le importaba eso. Corrió al parque al ser apenas las nueve de la mañana esperanzado que estarían allí algunos de sus amigos para jugar. Pero la decepción fue que el parque estaba vacío. Ni un alma con quien patear aunque fuera una lata.  En sus ojos se vía la tristeza al notar que nadie tenía tiempo para jugar.

El pequeño inocente levantó su mirada al cielo, y con el corazón abierto a más no poder dijo en sus adentros ... ''Niñito Dios, porque no nos regalas un día donde todos podamos jugar ''

Se devolvió a su casa, y allí se quedó hasta que Myriam llegara luego de una jornada muy agotadora.

Son las siete de la mañana siguiente, y aún mamá no se levanta. ¿Se habrá quedado dormida? ...

''Mamá, mamita, mami ... te dormiste vas a llegar tarde al trabajo'' gritaba asustado Tony y al despertarse Myriam  le da un ''almohadazo'' gritando  ''guerra de almohadas, guerra de almohadas, corre Tony corre ... ''

De tremendo almohadazo le acomodaron las ideas a Tony y cuando se dio cuenta la guerra estaba en los más y mejor y ya eran la nueve de la mañana, ¿que había pasado con el trabajo de mamá?
''Mamá ya vengo ya vengo debo ir al parque ...''  y ella solo le gritaba ''Espera Tony espera... '' pero al niño la desesperación por ver lo que sucedía le ganaba.

Se quedó petrificado al ver que el parque del barrio estaba lleno, todas las familias llenas de algarabía, el dueño de la Tienda don Felipe, que de cariño le decía Geli, regalando paletas heladas a los pequeños, y doña Sara cantando con los más pequeñitos en una ronda de juego coreada, Don Juan  conocido como Pancho que siempre los regañaba por subir a los árboles, esta vez más bien estaba viendo como les ayudaba.
Lo primero que Tony pensó fue... ''Dios ha escuchado lo que quería, me concedió mi petición'' y corrió con tantas ganas donde su madre a contarle que ni se dio cuenta que los pantalones se le andaban cayendo, apenas y los agarraba.

''Mamá, mamita, mami Dios me escuchó, Dios me dio un día para jugar con todos...'' pero su mamá ya no estaba en casa. Quien lo esperaba era don Camilo, el abuelito del barrio.

''Mira Tony, mamá tuvo que salir al trabajo porque la han venido a buscar de emergencia, dijo que disfrutaras del domingo, y que regresaría pronto...''
Los ojos del pequeño se llenaron de lágrimas, porque en su emoción llena de fe, no dejaba de pensar en que Dios le había dado lo que tanto pedía. Tanto así que al inocente se le olvidó que era Domingo y por eso, todos estaban en el parque...
 Don Camilo lo alzó a como pudo y le dijo... ''no llores pequeño, Dios sabe lo que quieres y de una u otra manera te lo ha dado, porque todos están jugando y es eso lo que querías, que dejáramos nuestras presiones y trabajos para reír y cantar, y si tu mamá se fue es porque hoy tenía la oportunidad de empezar en un nuevo empleo, donde va a tener más tiempo para ti''

Pero ¿Cómo don Camilo sabía lo que él quería si a nadie se lo había dicho? ...
Conforme don Camilo se iba alejando de la casa humilde y sencilla de Tony, el solo pensaba con una sonrisa de oreja a oreja, lo bueno que había sido ese domingo tan inesperado.

Esta vez aprendió que todo llega a quien sabe esperar y de la forma mas inimaginable.

Rapherty Villalobos Soto
Autor de Ilusiones
Costa Rica
derechos reservados.
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2 comentarios:

  1. Hermoso , muy hermoso, lo voy a leer en Cortazar Guanajuato México en una invitación que me hicieron y será el 19 de diciembre a las 4:00p.m. Un abrazo mi Raph, eres un gran amigo y te quiero mucho lo sabes.

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